viernes, 15 de junio de 2012

HUMBERTO BALLESTEROS Razones para destruir una ciudad

HUMBERTO BALLESTEROS Razones para destruir una ciudad
Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá 2010


Colección: Hispánica
Páginas: 159
“De composición impecable Razones para destruir una
ciudad es una novela poética, inteligente, en la que la
protagonista explora su capacidad inventiva en tanto
conversa consigo misma o con ese personaje a quien
hospeda dentro de sí…”,

Acta del jurado del Premio Nacional de Novela
Ciudad de Bogotá 2010


El autor

Nació en Bogotá en 1979. Es autor del libro de cuentos Escritor en el aire (Pluma de Mompox, 2011) y de la novela Razones para destruir una ciudad (Alfaguara, 2012), con la cual ganó en 2010 el Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá.

La obra

Natalia vive en su ciudad imaginaria, Venecia, porque se siente incapaz de salir de ella. Allí, suspendida en el tiempo, niña para siempre, disfruta de la compañía de su hermana Rosalía, de los juegos infantiles, de las historias fantásticas y de cada rincón del lugar.

Mientras tanto, la vida real continúa: maestra de escuela, Natalia vive en un pueblo a unas horas de Bogotá con una madre que depende por completo de ella, y casi no se habla con su hermana, que se pasa los días a la sombra de la arrogancia de su marido. Pero no se puede vivir en dos lugares al mismo tiempo, mucho menos cuando uno de ellos no existe.


Extractos de Razones para destruir una ciudad

“Estás escribiendo para explicarte a ti misma las razones por las que vas a destruir Venecia. Es extraño comenzar a escribir con esa intención, cuando durante tanto tiempo lo has hecho para elaborar tu ciudad, para justificarla, fortalecerla. Si tuvieras que explicarlo dirías que imaginaste una ciudad porque la libertad no podía ser pequeña. No podía ser una caverna ni una casa en un árbol, Tenía que ser amplia, tenía que ser amplia, tenías que poder recorrerla por horas de la mano de Rosalía”.

“Es extraño, piensas ahora, que escribir sobre Venecia te tranquilice, a pesar de todo lo que ha pasado. Te da por pensar en los cuadernos, los otros, que guardas en la biblioteca del cuarto de Venecia. Por tener lástima de los venecianos. Te dan ganas de arrancar estas páginas y usar este cuaderno para lo que has usado los otros: escribir cuentos de viajeros que van en busca de tu ciudad. Piensas que aún podrías emprender un tercer tomo de la Historia imaginaria de Venecia, y tal vez para entonces la culpa habría disminuido”.

“Ibn Al-Mazir, nos cuenta él mismo en su relato, era el primer visir de un sultán depradado y negligente. Por años había llevado a cuestas las responsabilidades del reino. Estaba cansado. Era culto, de costumbres frugales para un hombre de su condición. Le gustaba calcular las posiciones de las estrellas. La favorita de sus esclavas era una cristiana que había aprendido con facilidad la lengua del Profeta, y que en las noches de Arabia inventaba cuentos para él”.

“Esperabas que anocheciera. Alrededor de las siete y media el dueño de la tienda de la esquina ponía vallenatos, para atraer a los desocupados que se quisieran tomar una cerveza. A las nueve o diez, arrullada por la música lejana y las chicharrar, te ibas a dormir. La puerta del cuarto de San Alejo, donde estaba el cuaderno del Palacio Ducal, permanecía cerrada. Te envolvías en las cobijas y te costaba trabajo quedarte dormida. Siempre habías soñado con una vida libre de mamá, y ahora resultaba que con ella no eras capaz de habitar Venecia”.

“El velorio, el entierro, los escoltas de Fernando llevando el ataúd, los clichés del sacerdote frente a la tumba, los sollozos de Rosalía y la esfera atorada en tu garganta, que no te dejaba llorar, respirar ni hablar con nadie, son en nuestra memoria un túnel oscuro de paredes suavizadas por la tibieza de Alcides…”.

Entrevista con Humberto Ballesteros

¿Cómo tomaste la decisión de escribir desde la segunda persona?


Comencé a escribir de la forma típica, usando un narrador omnisciente; pero pronto, en el segundo o tercer párrafo, se inmiscuyó una voz que le hablaba a la protagonista en segunda persona. Cuando releí el borrador me di cuenta de que esa narradora era la que pedía la novela, de que yo era innecesario. Ahí estaba Natalia hablándose a sí misma, castigándose y definiéndose, atacándose y defendiéndose, embelleciéndose y maltratándose al mismo tiempo. Era evidente que esa tenía que ser la voz de quien vivía en una ciudad imaginaria; a la vez propia y ajena, íntima y hostil, doble y sin embargo irremediablemente una, como su dueña.

Escribir la novela de esa manera requirió bastante carpintería. Había que pensar cada frase y reescribir más a menudo de lo normal. Cuando se involucraba en la acción la hermana de la protagonista, por ejemplo, me tocaba hacerme un ocho buscando frases que no resultaran ambiguas, porque el español colombiano, en el que no existe el “vosotros”, se prestaba para problemas. Pero insistí porque la voz de Natalia, o la de su conciencia, no me permitía otra cosa; porque me había reemplazado, y no me iba a dejar contar su historia sino a su manera.

Escribir desde la mirada de otro género puede generar roces con la 
verosimilitud. ¿Cómo abordaste la construcción de Natalia?

No usaría la palabra “construcción” para referirme a la manera como nació Natalia. Por eso prefiero el verbo “nacer”, aunque tal vez tampoco es el apropiado. Siento que me la encontré en un lugar de la imaginación, viva, independiente, innegable desde el primer momento. El argumento de la novela sí lo construí, y lo desbaraté y volví a armar varias veces, pero el personaje no. A ella la conocí, con esa perplejidad entre afanosa y tímida con que se conoce a una persona que nos interesa.

¿Podría decirse que es una novela sobre la psicología de la mujer?

Sobre la psicología de Natalia sí, sin duda. Su mundo, o mundos, el lector no los ve sino desde su perspectiva; gran parte de la acción sucede en su cabeza, y el dilema de la historia siempre es ella misma, su relación consigo, con los otros y el mundo. Pero no creo que trate sobre la mujer en abstracto; en primer lugar porque lo concreto y vivo es la materia de la literatura, y en segundo lugar porque Natalia es una mujer inquietante, peculiar, muy libre en cierto sentido y en otro, igualmente válido, muy enferma.

Los fragmentos donde la narradora describe Venecia y aborda la construcción de personajes de esa ciudad son enriquecedores, abren otra lectura de la novela. ¿Cómo los recreaste? ¿Te basaste en lecturas particulares?

No me basé en nada de forma consciente, pero al releerlos encuentro ecos de algunos de mis autores favoritos, y también de otros que le gustan más a Natalia. De los segundos pienso en Lord Dunsany, en Andersen, en Ariosto, en los lais de María de Francia; de los primeros en Calvino, David Mitchell, Boccaccio, Salgari, en el Homero de la Odisea. Y hay otros que compartimos: Stevenson, Marco Polo.

Natalia a lo largo de la novela cita a varios autores. Comienza hablando de su pasión por Las mil y una noches. ¿Cuáles son las lecturas de cabecera de Humberto Ballesteros?

En la pregunta anterior cité varios. Puedo sumar otros, casi todos archiconocidos: Dante, Mann, Lem, Nabokov, Kawabata, Wells, Cortázar, Sebald, Cervantes, Borges, Tabucchi, Woolf. De pronto el único nombre “nuevo” para el lector colombiano es el de David Mitchell, un inglés que ha publicado unas cuantas novelas maravillosas. De los autores vivos que me gustan es el más divertido, atrevido y talentoso.

¿Cómo escogiste el título de la novela? ¿Lo tuviste claro desde el inicio?

No completamente claro, pero casi. El primer borrador se titulaba “Razones personales para destruir Venecia”. Luego me enteré de que un escritorzuelo, Marinetti, habló alguna vez en un contexto bastante tonto de destruir a la pobre Serenísima; y aunque no podía ni quería cambiar la ciudad imaginaria de Natalia, sí cabía la posibilidad de alterar un poco el título. Así que quedó “Razones personales para destruir una ciudad”. Y después, cuando el libro fue premiado con el Nacional de Novela Ciudad de Bogotá, el jurado sugirió que le quitara el adjetivo “personales”, y yo hice caso porque tenían toda la razón.

Sarah Lee Méndez

Directora / Jefe de Prensa / Editora Contenido / Fotógrafa / Twitters: @AnastasiaLeeEdi @revistawhatsup @ / Instagram @sarahleefotografia

Con más de una década de experiencia en relaciones públicas, manejo de redes sociales, CM, diseño de Blogs, fotógrafa para eventos.

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