viernes, 2 de noviembre de 2012

Presentación de "Érase una vez en Colombia" de Ricado Silva

Presentación de Érase una vez en Colombia de Ricado Silva

Nos complace invitarlos desde hoy a la presentación del más reciente libro de Ricardo Silva Romero, Érase una vez en Colombia. El escritor colombiano regresa con dos novelas en un solo libro: dos historias opuestas pero complementarias. Una comedia, una tragedia: Comedia romántica y El Espantapájaros.

La presentación será el próximo jueves 8 de noviembre en Cinema Paraíso, en Usaquén (Bogotá): Carrera 6 No. 120-56

El autor conversará con Daniel Samper Ospina y Juan Esteban Constaín. Para cerrar con broche de oro, Carolina Cuervo y Carlos Manuel Vesga leerán algunos fragmentos de Comedia romántica y El Espantapájaros. Los esperamos a las 7:00 p.m.

La entrada es libre hasta completar el aforo.

El autor
Redes sociales
En Twitter: @RSilvaRomero
En Facebook: Ricardo Silva Romero

Nació en Bogotá, Colombia, el 14 de agosto de 1975. Estudió Literatura en la Universidad Javeriana e hizo una maestría en cine en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su tesis de grado “Todos los hombres del rey: documental sobre el relato de Paul Auster” fue elegida como una de las mejores del país en el año 1998. Ganó el Premio Nacional de Poesía de Bogotá en 1999 por el poemario Réquiem. Hace parte de Bogotá 39, el grupo de narradores latinoamericanos reconocidos por el Hay Festival. Es el autor de la obra de teatro Podéis ir en paz
Ganador del Premio Nacional de Poesía de Bogotá 1999 por el poemario Réquiem

Uno de los más destacados autores la lista de narradores latinoamericanos reconocidos por el Hay Festival en Bogotá 39
(1998), el libro de cuentos Sobre la tela de una araña (1999), el poemario Terranía (2004), la biografía Woody Allen: incómodo en el mundo (2004) y el cuento ilustrado Que no me miren (Tragaluz, 2011). Pero su género más frecuente es la novela: ha publicado Relato de Navidad en La Gran Vía (2001), Walkman (2002), Tic (2003), Parece que va a llover (2005), Fin (2005), El hombre de los mil nombres (2006), En orden de estatura (2007), Autogol (2009), Comedia romántica (2012) y El Espantapájaros (2012). Sus relatos breves han aparecido en varias antologías. Ha sido colaborador de revistas tan disímiles como Arcadia, El Malpensante, Credencial, Gente y Babelia. Fue el comentarista de cine de la revista Semana desde mayo de 2000 hasta mayo de 2012. Escribió la columna “Lugares comunes” de la revista SoHo desde agosto de 2001 hasta mayo de 2009. Escribe la columna “Marcha fúnebre” del periódico El Tiempo desde mayo de 2009. Próximamente estrenará nueva página oficial.

Las dos novelas que integran esta obra, Comedia romántica y El Espantapájaros, son la buena y la mala noticia que se dan al mismo tiempo para ser soportadas, un corazón en dos cuerpos repartido: la nueva novela romántica liberada de los temas demasiado graves, demasiado cursis, enfrentada a la nueva novela de la violencia, un retrato lleno de pasiones que se contempla a la vez con fascinación y terror.

Estos dos relatos, el uno poético en lo prosaico y el otro prosaico en lo poético, representan la supervivencia del amor y la imposición de la muerte, y entre ellos se tiende el puente de la vida que intenta suceder en Colombia, en donde solo es posible conseguir la reivindicación y el reconocimiento en las pequeñas historias privadas.

Comedia romántica

Benjamín Estrada y Martina Villa, un par de enamorados de unos treinta años que no han podido estar juntos, ni en Bogotá ni en la vida, por cuenta de las circunstancias de la juventud, pero que tienen la suerte de atraerse como si nunca fueran a dejar de ser un enigma el uno para el otro, se ven envueltos en una misteriosa conversación que los lleva por los dramas, las farsas y las noticias de última hora que pueden suceder en una sola vida.

Descarga el primer capítulo en este enlace:

El Espantapájaros

La implacable banda del comandante Cigarra entra al caserío de Camposanto en busca de un viejo bandolero que se hace llamar El Espantapájaros. Y entonces comienza la masacre. El ejército exterminador sin Dios ni ley va arrasando con todo lo que se encuentra en el camino, en el matadero, en la iglesia, en la plaza de piedra que es lo único que tiene ese lugar, empeñado en llevar a cabo un sanguinario ajuste de cuentas que no entiende del todo.

Ricardo Silva conversa sobre sus novelas…
Entrevista con el autor sobre la novela

— ¿Por qué van juntas Comedia romántica y El Espantapájaros?

Porque soy incapaz de dar una buena noticia sin dar una mala y viceversa.

— ¿Cuál historia se le ocurrió inicialmente? ¿Por qué prefirió escribir una primero que la otra?

Escribí la primera versión de Comedia romántica en el 2009. Decidí hacerla entre una lista de posibilidades. La preferí a la novela del crimen de Estado, a la del sicólogo de perros, a la del avión que se va a caer, a la de la primera etapa del tour de Francia que ganó Lucho Herrera, a la falsa entrevista con el político de ultraderecha o a la de la masacre desde que llegan hasta que se van.

Y entonces, entre las de la lista, la que parecía un alivio, una lectura feliz, era Comedia romántica. La idea de la novela es, hasta hoy, la misma: una conversación de pareja que dura toda la vida. Le puse Comedia romántica en el sentido literario: un final feliz dentro de los ideales del romanticismo literario.

— ¿Cómo nació El Espantapájaros?

Siempre me he sentido acechado por la política: dos tíos asesinados y un abuelo liberal demente que entregó todo. Así, mientras la novela descansaba, llegó la campaña presidencial de 2010. Me metí de cabeza en esas elecciones como si fueran cuestión de vida o muerte. Oí que mi candidato decía que la literatura colombiana no había narrado aún una masacre. Y comencé a pensar.

Yo quería que conociéramos la vida que los personajes de Comedia romántica consiguen evitar, el drama rural de fondo, en la distancia, que apenas roza a los personajes que conocemos en las ciudades. Sentía que era justo y necesario que los enamorados de Comedia romántica vivieran la vida que viven sin desconocer el horror. 

Al tiempo, sentía culpa de haber hecho una novela feliz porque no se puede ser sino estar feliz. Así que, cuando oí la frase de mi candidato, la “novela de la masacre desde que llegan hasta que se van” pasó al primer lugar de la lista. Tenía que escribirla. Y curiosamente, a fuerza de reunir historias desde 2008, tenía a todos los personajes en la cabeza con todos sus testimonios que me habían ido entregando por todo el país. Y entonces, a fuerza de conocer de primera mano, de todos los lados, la ceremonia de sangre que es una matanza tenía claro que iba a pasar desde el principio hasta el final: que iba a contar cómo la banda del Cigarra arrasaría Camposanto, un pueblo de viejos, en busca de un asesino llamado El Espantapájaros.

Escribí El Espantapájaros de noviembre de 2010 a enero de 2011 porque sentía que el mundo de Comedia romántica tenía que soportar ese otro mundo. Quedé tranquilo. Quedé con la sensación de que, sumadas, ahora sí, Comedia romántica más El Espantapájaros, podían ser el mejor el libro que he hecho.

Sobre Érase una vez en Colombia se ha dicho…

“Dos novelas diametralmente opuestas. Una es un diálogo maravilloso de una pareja de amantes, que avanza en esa trenza de manera plácida y también con mucho sentido del humor, profundidad y reflexión sobre el asunto del amor. Y la otra es una novela en la cual la grandeza narrativa consiste en que la masacre de la que se habla es el personaje central y eso, creo, que es un gran hallazgo de técnica literaria, por un lado, y también un esfuerzo fundamental para que los de esta generación podamos mirarnos en el espejo y ver lo que le ha sucedido al país y a nuestras almas por ser colombianos y haber tenido que padecer estos tiempos”. Daniel Samper Ospina, columnista y director de la revista Soho.

“He leído cada una de estas dos novelas, El Espantapájaros y Comedia romántica, y me parece que están tan bien escritas (tan bien tejidas y entretejidas) que no sabría definir si la cruda violencia de la primera resulta más erótica que la aspereza amorosa de la segunda (…). Con sus dos textos que en realidad son uno, nos enseña cómo se escribe, por un lado, la nueva novela de la violencia en Colombia, sin los inconvenientes de la obra de Caballero Calderón y de ese otro género que es la narconovela actual, mejor llamada “pornonovela”; y por otro, cómo se escribe un nuevo romanticismo, sin los paraísos bobalicones de María, Amalia o Manuela”. Ángel Marcel, poeta.

“Comedia romántica y El Espantapájaros son dos extremos de un mundo que parece no permitir que esas dos historias sucedan en un mismo territorio. Hay un diálogo entre estas dos historias que acaba siendo muy valioso y revelador y que lo deja a uno inquieto. Ambas historias se leen con gusto, hay un disfrute en la escritura porque es delicada y ágil, porque hay un trabajo de investigación detrás, porque en los diálogos la gente habla como se habla en estas situaciones, entonces se traza un dibujo muy fiel, pero al mismo tiempo hay un ritmo, una velocidad, un cuidado y una narrativa que responde a una sensibilidad, la de Ricardo Silva, y que es muy pulida, se fija en los detalles y nunca cae en la sensiblería”.Melba Escobar, escritora.

“Creo que no puede haber dos novelas más diferentes. Comedia romántica es una novela preciosa que celebra el amor en todas sus manifestaciones y con todas sus vueltas: con los miedos, con las inseguridades, con sus ternuras, con sus victorias; y El Espantapájaros es una novela de horror, un horror cercano y doloroso porque es el nuestro, el que vemos en las noticias, el que sabemos que pasa todos los días en este país: es la historia de una masacre”. Pilar Quintana, escritora.

“Comedia romántica es narración y diálogo al mismo tiempo. Es un puente construido con la conversación de dos enamorados que dura toda su vida y toda nuestra lectura. El Espantapájaros, el negativo de Comedia romántica, literalmente, es algo más que el intento por explorar la realidad colombiana: es la constatación de que solo la habilidad de un narrador como Ricardo Silva nos salvará de que la historia la cuenten únicamente los acartonados libros de historia”. Laura García, periodista.

Fragmentos de Érase una vez en Colombia
Fragmento de Comedia romántica

—Martina: usted es una cosa aparte de todas las cosas.
—Por lo menos una cosa.
—Yo no creo que nos pasaría lo mismo, ¿sabe?, porque ¿sabe cuál, creo yo, sin joder, es el quid del asunto?
— ¿El qué?
—El quid del asunto: el punto, el centro, el corazón de mi problema con las mujeres.
— ¿Cuál es?
—Que cada vez está más claro que soy un fiel exponente de esa clase media criolla tan, pero tan típica, que podría venderse en una tienda de artesanías. Primero, estoy convencido de que la única manera de ganarse la vida es trabajar de sol a sol como un burro, soy incapaz de pronunciar la frase “que mi dinero trabaje por mí” y siempre voy a sospechar que los bancos me están robando. Segundo, lo siento mucho, pero no me siento cómodo en las relaciones primermundistas en las que cuando uno pregunta, “¿a qué hora vas a llegar a la casa?” suena mitad idiota, mitad machista. Tercero, me gusta más de la cuenta pedir pollo asado a domicilio, jugar juegos de mesa y ver cualquier cosa en la televisión por infame que sea. Cuarto, prefiero de lejos los centros comerciales a los clubes sociales. Y había un quinto, una prueba reina de que soy de mi clase, pero no me acuerdo bien cuál era…

Fragmento de El Espantapájaros

Nada ni nadie imagina la masacre. El sol del mediodía detiene el viento cargado de tierra. Las sombras se evaporan sobre las piedras de la plaza. Una campana agónica les recuerda a los habitantes de la vereda de Camposanto, en el municipio de Montenegro, que la misa del domingo está por comenzar. Los feligreses se dirigen a la capilla y en el centro del caserío solo va quedando un viejo sentado en una silla de plástico, bajo el pequeño cedro, al lado de una pileta llena de monedas para la buena suerte. Un carro de helados destartalado, empujado por una señora fantasmal, trae las notas de Para Elisa. Y los primeros disparos al aire, que vienen de cinco furgones viejos, repletos de asesinos, de visita en el poblado como una marcha fúnebre que colecciona cadáveres, despejan la duda de si volverá a empezar una tragedia que empezó hace mucho tiempo.
Son paredes de sangre. Son, apenas uno entra, paredes y mantos y remolinos de sangre de todos los rojos. Pero después, cuando los ojos se acostumbran a lo incontenible, comienzan a verse pequeños mapas de color blanco en el suelo, trozos amarillentos de materia o vísceras o de cualquier cosa grumosa despegándose de los muros pintados de cal, bocas sin cuerpo tratando de tragar el aire que les queda.

Ya están muertas las reses: habrían muerto unos minutos más tarde, de un golpe seco en la cabeza con un martillo macizo de hierro, si no hubieran quedado atrapadas en la balacera.

Sarah Lee Méndez

Directora / Jefe de Prensa / Editora Contenido / Twitters: @AnastasiaLeeEdi @revistawhatsup @AficionesCol / Instagram @siganenconexion

Con más de una década de experiencia en relaciones públicas, manejo de redes sociales, CM, diseño de Blogs, fotógrafa para eventos.

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