jueves, 8 de agosto de 2013

El silencio del héroe de Gay Talese

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El mejor Talese en un libro evocador
e íntimo con personajes memorables.

Sinopsis

Gay Talese ha mantenido una constante fascinación por el deporte a lo largo de su vida. Siendo redactor de la sección de deportes del periódico de su instituto y luego de su universidad, empezó a aplicar en sus artículos técnicas propias de la ficción, como la creación de atmósferas a partir de pequeños detalles, algo que se convertiría en su sello.

Como periodista deportivo en el New York Times, se interesó en general por individuos situados en encrucijadas, por «héroes silenciosos». El boxeo poseía un especial atractivo para él, y sus artículos para Esquire sobre los declives de Joe Louis y Floyd Patterson le ganaron numerosos elogios, al igual que su crónica de la visita de Muhammad Ali a Fidel Castro en La Habana, o su semblanza de Joe DiMaggio, el gran campeón aislado en su retiro, o su periplo hasta China para seguirle la pista a la jugadora de fútbol que falló el penalti que le habría dado el Campeonato del Mundo a su país.

El silencio del héroe reúne éstas y otras crónicas de Talese durante más de seis décadas, con el añadido, en esta edición, de un texto reciente sobre Joe Girardi, «el manager de la crisis». Talese vuelve a deslumbrarnos en esta obra esencial: una lección de literatura y periodismo.

La obra

El último libro del «padre del Nuevo Periodismo», el gran escritor estadounidense galardonado con el Premio de Reporteros del Mundo, de El Mundo.
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El mejor Talese en un libro evocador e íntimo sobre el mundo del deporte, con personajes memorables que han surcado la fructífera carrera del periodista.
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Los primeros artículos de Talese, algunos de sus mejores reportajes y comentarios y textos inéditos para degustar las esencias del auténtico periodismo.
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Un viaje por toda la carrera periodística de Talese, con el denominador común del deporte.

La victoria, la derrota, la vocación, las segundas oportunidades, el aplauso, la soledad, el sexo, la familia y la amistad, desde la órbita del deporte hasta la vida en general, son algunos de los grandes temas que recorren estas páginas:

Deporte, drama y periodismo: el reportero abre un arco temporal, más que un arco de triunfo para el desfile, tratando de entender a los personajes que sigue, y para ello aplica en el reportaje la plantilla de la ficción (diálogos, atmósferas ricas y poliédricas, imágenes), siempre desde una mirada curiosa y esquinada. Aquí no hay eternos ganadores, sino personas que viven y mueren, héroes vulnerables de novela, que una vez fueron lo que luego dejaron de ser. Como los boxeadores mayores. Como todos nosotros.

El perdedor: el «héroe silencioso» es la sombra pegada a los pasos de las estrellas, a las que Talese consigue hacer hablar, articulada y expresivamente, tanto con sus palabras como con sus gestos y desplantes. A Talese le interesan los resultados por su carácter irrevocable, una fuente de tensión para cualquier relato, pero aún más por cómo afectan a los deportistas. Y los que pierden son siempre los más afectados.

El periodista y su oficio: el trabajo paciente, la cortés insistencia, el cultivo de una voz personal, atractiva y de acreditada influencia, que florece y madura aquí hasta alcanzar algunas de sus cumbres. Siempre preservando los principios de la verdad, la responsabilidad y la justicia, y evitando todo cinismo y engreimiento. Gay Talese se ha mantenido interesado por el mundo del deporte durante toda su trayectoria, y como él dice: «Cuando termino una historia, no termino con ella… Las historias no se detienen».

El triunfo de la nostalgia: a partir del gusto por el relato, Talese nos cuenta con la riqueza de quien imagina recordando. En esta serie de emocionantes primeros planos, «Cómo envejecen los deportistas» es una clave para enfrentarnos a los años vividos.

También para reconciliarnos con sentimientos ya distantes, de algún modo vinculados con las emociones de los partidos y los combates de la infancia. La luz que recogieron en su día estrellas como Muhammad Ali o Joe DiMaggio.

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El autor
Gay Talese. Foto archivo particular

Gay Talese nació en 1932 en Nueva Jersey, en una familia de raíces italianas. Tras estudiar en la Universidad de Alabama, consiguió un puesto en The New York Times, primero como chico de los recados, y trabajó en ese diario hasta 1965, cubriendo especialmente eventos deportivos. Lejos de la inmediatez de los titulares diarios, pasó a colaborar en publicaciones como Esquire, The New Yorker, Time o Harper´s Magazine. Sus reportajes en esos medios le otorgaron un gran prestigio y el reconocimiento de Tom Wolfe como padre del Nuevo Periodismo. Tras publicar la obra El reino y el poder, sobre las tripas de The New York Times, siguió embarcándose en proyectos muy ambiciosos que requerían de una exhaustiva investigación previa. Fruto de su tesón y paciencia, nacieron sus títulos más emblemáticos: el desbordante informe sobre la mafia Honrarás a tu padre (Alfaguara, 2011, uno de los mejores libros de No Ficción del año según Qué Leer), y La mujer de tu prójimo, en el que el reportero se sumergía en los varios y nuevos modos de la sexualidad estadounidense. Su trayectoria posterior ha tomado un cariz cada vez más autobiográfico y retrospectivo, sin abandonar nunca su compromiso con la verdad, con títulos como Unto the Sons y Vida de un escritor (Alfaguara, 2012, elegido uno de los mejores libros del año por Diari ARA y por Qué Leer).

«Desde mis inicios he buscado satisfacer mi curiosidad y redefinir qué y quién es noticia. Ya de niño veía que los periódicos dejaban fuera relatos y personas que merecían más. La manera de incorporarlos era escribir muy bien.»

La vigencia de los reportajes de Talese queda probada con la reciente publicación de antologías como Retratos y encuentros (Alfaguara, 2010, elegida por Qué Leer como Mejor libro de No Ficción del año y por Babelia como uno de los diez mejores libros del año), o la que nos ocupa, El silencio del héroe, con sus mejores piezas deportivas. En 2012 Gay Talese recibió el Premio de Reporteros del Mundo, de El Mundo, en reconocimiento a toda su obra. Actualmente, el incombustible escritor, respetado último bastión del periodismo clásico, compone el relato de sus cincuenta años de matrimonio con la editora Nan Talese, al tiempo que sigue entregando artículos para sus cabeceras de siempre.

Extractos de…
El silencio del héroe


Los viejos tiempos

«Billy Ray, nacido en el Lower East Side el 21 de febrero de 1865, comenzó a pelear por dinero siendo un adolescente. Boxeaba en barcazas, tabernas, y en el tercer piso de Pete’s Hall, delante del Cementerio del Calvario de Queens. En la segunda planta, Pete celebraba peleas de gallos. En el sótano había peleas de perros.

-Los sepultureros también venían a vernos pelear - me decía ayer Ray-, y después de cada combate los boxeadores pasábamos un cesto. La mitad del dinero que nos daban era falso. Los sepultureros nos lanzaban monedas de un centavo con más hierro que níquel. Aunque nunca fue campeón, en tres ocasiones acabó en tablas con el rey de los pesos gallos, George Dixon.

Cuando recuerda su juventud, el anciano cierra los ojos un poco y comienza a divagar:

-... Lillian Russell... preciosa... En los ochenta cortarse el pelo sólo costaba diez centavos... Echaron a Florence Burns del hipódromo de Sheepshead Bay por fumar... Las mujeres irlandesas fumaban sus pipas de arcilla en los velatorios... Ah, antes me encantaba bajar hasta la calle Catorce y oír cómo Maggie Cline cantaba “Thow ‘Em Down, McCloskey”...

-Antes me empapaba las manos con salmuera y mis puños eran como un ladrillo... Una jarra de cerveza costaba 3 centavos... Voté por Coolidge... En 1888 boxeé con Johnny Williams durante treinta y seis asaltos... gané 71 dólares... Dicen que Steve Brodie no saltó del puente de Brooklyn. Mienten. Yo lo vi. Yo estaba allí... Podría pasarme el día contándote cosas... Jersey Jimmy, el famoso carterista, tenía una taberna en el Bowery. A veces te encontrabas a algún muerto sentado en la barra. Después del velatorio traían a los muertos, los sentaban en la barra y comenzaban a beber. Cuando acababan, el camarero preguntaba: “¿Quién paga?” Todos señalaban al muerto que estaba en la barra y se marchaban.

Billy Ray ahora vive con su hermana y su cuñado en el 130 de Ashford Street, Brooklyn. Evita las peleas, desprecia la televisión, y le encanta sobre todo charlar en la taberna. El día de su noventa cumpleaños apareció en el bar Neutral Corner, en la Octava Avenida, cerca del gimnasio de Stillman, y no dejó que nadie pagara ni una ronda».


Los artículos y reportajes

Piezas a lo largo de más de medio siglo que giran en torno a la experiencia humana en el deporte. La edición española de esta antología añade el artículo «El manager de la crisis», aparecido en The New Yorker en septiembre de 2012.

Tiros cortos en distintas secciones: Talese apenas contaba dieciséis años cuando escribió este artículo sobre un grandullón que debutaba patosamente en las canchas de baloncesto. Se añaden al final unas notas sobre la actualidad local, con resultados que llenan marcadores mientras los jóvenes crecen inevitablemente.

Un diálogo sobre baloncesto con Angelo Musi: El periodista novato pasa el tiempo con sus sujetos de interés y empieza a esbozar perfiles inconfundibles. En este caso el de un baloncestista que compensa su falta de talla con un enorme talento.

El vestuario: El terreno de juego sirve de escenario limitado y concentrado. Aquí se recogen los «Y si...» de un vestuario tras el partido, con las jugadas erradas y los vislumbres de una realidad diferente en un mundo que ya es otro tras la derrota.

Una tarde en el campo de fútbol: La sección de deportes como el laboratorio en el que se foguea un periodista vocacional, extrayendo oro de momentos efímeros. El tipo más solitario del boxeo: Un árbitro que de joven no supo encajar los golpes en el ring elude ahora a la gente del mundillo para proteger su honestidad.

N. Y. U. gana a pesar del frío gélido: La misión de atrapar desde unas gradas vacías el espíritu deportivo: ese escurridizo fantasma que salta hoy frenético de pantalla en pantalla. A finales de la década de los cincuenta del siglo pasado, aparece en la forma de una chica que ve a jugar a su novio bajo la lluvia.
Judy es muchas cosas, sobre todo sincera: La mujer en el cosmos del deporte, pasando de sostén y espectadora a protagonista. El tránsito de la vituperada «marimacho» a la «gran dama», aquí una campeona de golf. De todos modos, cuando callan los aplausos, nos queda una joven en paro con un futuro muy incierto.

Un giro maravilloso para Gerry: Más mujeres, en deportes minoritarios, aquí sobre unos patines. En la competición también influyen la veteranía y el cansancio. El vistoso y vertiginoso roller derby nos remite a los deportes que representan una escuela de vida.

Retrato de un joven púgil: Jóvenes que se cuidan como unos viejos algo achacosos para terminar como unos ancianos prematuros. También el papel de los emigrantes, de esa estirpe de buscadores de fortuna. El rol que juegan los mánagers en todo el tinglado, y el problema de la delicuencia juvenil al fondo, que nos hace plantearnos más y más preguntas a partir de lo que vemos. ¿Qué podrían haber sido los boxeadores en el caso de haber estudiado? Una luminosa miniatura sobre el emergente boxeador José Torres, cuyo nombre no se desvela hasta el párrafo final.

El herrador del Garden trabaja deprisa: Un «sastre de caballos» como embajador de los que ganan jornales humildes con el deporte profesional.

El último de los boxeadores sin guantes: En 1958, a los 93 años, Billy Ray es el último de los boxeadores a puño descubierto. Puso término a su carrera cuando se aceptaron los guantes en los cuadriláteros y «el deporte se volvió demasiado blando». Una estampa con el pasado (ya remoto) del deporte, un partido aún no conformado, no homologado, no preconcebido. Pero siempre «la bolsa o la vida».

La trouppe de luchadores enanos no trabaja por calderilla: Una cuadrilla de enanos divierte a los espectadores con sus peleas. ¿Atracción de feria o ejemplo de superación personal? La mirada diferente de Talese sobre el deporte entendido como circo, o a la inversa, cuando aún no se avizoran en el horizonte términos como «deporte adaptado» o «juegos paralímpicos».

Un cronometrador tan imperturbable como un reloj: El cronometrador, dios del tiempo en la eternidad de los héroes, un viejo con visera verde en una esquina del cuadrilátero. Talese aplica otra de sus máximas: «Entrevistar al que siempre está allí, al que siempre ha estado». Gente que si se apartara quizá provocaría el derrumbe del edificio, y entonces lo oculto posiblemente quedaría a la vista.

Los diamantes son el mejor amigo de un muchacho: La promoción y la publicidad adelantan sus líneas. Los agentes, los representantes y los patrocinadores copan los espacios. Otro de los rasgos básicos de la filosofía vital de Talese: la constante de las profesiones azarosas, de los que se vieron trabajando en algo por un golpe de fortuna e intentan cumplir lo mejor posible.

De viaje, a ninguna parte, con los Yankees: Una temporada de béisbol perdida. Más primerísisimos planos cuando no hay nada en perspectiva. Detalles llenos de luz como la música que oyen los deportistas.

El relato que hay detrás de la señal para lanzarle un tiro intimidador a Cliff Johnson: En un vestuario por el que pasa el tiempo, las réplicas envenenadas y las viejas reyertas minan la armonía del equipo. Al final, el problema siempre puede solucionarse traspasando a uno de los jugadores, haciéndole cambiar completamente de vida.

Raza, reporteros y responsabilidad: El racismo en la NBA al finalizar el siglo XX, cuando lo políticamente correcto conduce al extremo, a nuevos polos.

El hijo del púgil: Frank Sinatra goza de una breve aparición en esta antología, y Talese precisa más su identificación con el cantante.

Retrato del campéon ascético: Gay Talese abordó los silencios y huidas de Floyd Patterson a lo largo de 37 artículos, configurando una especie de horma para su peculiar visión sobre la heroicidad. La fuerza del boxeador provenía de su complejo de inferioridad, «el complemento seguro de su talento». En esta historia, Talese ve difícil mantener su acostumbrado distanciamiento «implicado», y la descripción exacta de los combates transmite el dolor y el sacrificio en juego.

El perdedor*: Floyd Patterson se refugia en una especie de salón de baile olvidado en el campo. Antes se ha disfrazado para que no lo reconocieran —y de esa guisa viaja hasta España, donde cojea como un viejo y saborea la sopa complacido con su nueva identidad—. Pese a todo, será capaz de pilotar un avión, entre el humo de un incendio, para parlamentar con los chicos blancos que se meten con su hija en la escuela.

El caddie: un relato no edificante: La falta de buenos caddies lleva a valorar los cambios sociales en Estados Unidos. Talese analiza el papel de las élites y la movilidad entre clases, apoyándose en las lecciones de su admirado Scott Fitzgerald.

El doctor Birdwhistell y los deportistas: Sobre el campeón que cumple los sueños frustrados del padre. ¿Es el deportista el títere de una sociedad insatisfecha?

Joe Louis: el rey en su mediana edad*: Por este artículo para Esquire sobre el retiro de Joe Louis, Tom Wolfe bautizó a Talese «padre del Nuevo Periodismo». Entre los detalles captados sobre el personaje, que validan un acercamiento artístico para iluminar la verdad, destaca aquí la relación entre el «gran hombre» y sus parejas y exparejas. Las mujeres del campeón actúan con complicidad mientras velan por la eterna infancia del ídolo.

La estación silenciosa de un héroe*: Joe DiMaggio jugando al gato y al ratón con el reportero Talese. En San Francisco, el ídolo jubilado lleva una existencia en sordina, pasando el rato con sus amigos en un bar y mirando de reojo a las mujeres que desfilan. Sigue sin poder olvidar a Marilyn Monroe. Talese ha de recurrir a su pasado como caddie, y cuando encuentra unas pelotas perdidas por DiMaggio, éste baja la guardia y hasta le abre la puerta de su cocina.

El arquitecto de los campos de golf: Un creador de obstáculos y trampas hecho a sí mismo. De nuevo, el tema de la casualidad para labrarse una carrera de provecho.

Eric y Beth Heiden: Un vínculo de sangre sobre patines: El origen del hielo como dato que merece un momento de atención, por fria e inmóvil que parezca esa superficie bajo los veloces patinadores.
Un chut fallado#: China y el deporte. Una futbolista falla el penalty decisivo en la final del Mundial. Unas puertas cerradas con un potente contenido emocional y simbólico.

Ali en La Habana*: El combate torpe y enrarecido entre dos dinosaurios como Ali y Castro, con Talese en una posición privilegiada —aunque anticipa que tendrá difícil hallar acomodo para lo que escriba en los nuevos tiempos del periodismo—. La labia de Castro frente a un Ali que no se sabe si tiene lengua, y la magia de un juego de manos rudimentario frente al aburrimiento sofocado del servilismo.

* Estos artículos, aparecidos en Relatos y encuentros (Alfaguara, 2010), se incluyen aquí en una nueva traducción.

# Fragmento de Vida de un escritor (Alfaguara, 2012), también en una traducción diferente.

Ficha técnica
Formato: 15 x 24 cm
Colección: Literaturas
No. de páginas: 352
Nacionalidad autor: Estados Unidos
Traducción: Damià Alou
ISBN: 978-958-758-563-6
PVP: $44.000
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Sarah Lee Méndez

Directora / Jefe de Prensa / Editora Contenido / Twitters: @AnastasiaLeeEdi @revistawhatsup @AficionesCol / Instagram @siganenconexion

Con más de una década de experiencia en relaciones públicas, manejo de redes sociales, CM, diseño de Blogs, fotógrafa para eventos.

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