domingo, 16 de marzo de 2014

LA ENZIMA PARA REJUVENECER / Hiromi Shinya

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LA-ENZIMA-PARA-REJUVENECER-Hiromi-Shinya-2014
La obra

Combate el envejecimiento. Revitaliza tus células. Recupera tu energía.

Una vez más el doctor Hiromi Shinya cambia por completo nuestra percepción de lo que es posible respecto a la salud con su nuevo libro La enzima para rejuvenecer. En esta obra el doctor Shinya se centra en solucionar el problema de las células del envejecimiento y sus conclusiones resultan verdaderamente impactantes.

De manera contundente nos demuestra cómo puedes crear tu plan de rejuvenecimiento personalizado utilizando el «Breve ayuno», el enema de café y el agua de Kangen.

Con La enzima para rejuvenecer aprenderás:

• Cómo las enzimas de rejuvenecimiento transforman las células zombi en células sanas.
• Cómo puedes recuperar la energía eliminando la basura que se acumula en tus células.
• Por qué los alimentos de color morado mejoran tu memoria.
• Cómo tomar agua de Kangen contribuye a mejorar tu salud y tu energía.
• Por qué la cúrcuma previene enfermedades como el alzhéimer.
Uno de los grandes deseos del ser humano es mantenerse joven, sano y lleno de energía. Gracias a los estudios del doctor Shinya este anhelo está muy cerca de convertirse en una realidad.

El autor
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El doctor Hiromi Shinya es conocido por sus avances en el campo de la cirugía colonoscópica. Realizó el primer procedimiento quirúrgico de colon sin incisión abdominal. Atiende a los miembros de la familia real y a los altos funcionarios del gobierno japonés.

Es jefe de la Unidad de Endoscopia Quirúrgica del Centro Médico Beth Israel en Nueva York, profesor de cirugía clínica del Colegio de Medicina Albert Einstein y tiene una gran demanda como conferencista internacional. A sus 78 años practica de forma activa la medicina en Estados Unidos y Japón.

La prensa ha dicho sobre…La enzima para rejuvenecer

“El doctor Shinya en este segundo libro da un paso más: sus investigaciones para aumentar la capacidad de nuestro cuerpo de prevenir y curar enfermedades, le llevan a la conclusión de que el secreto está en la desintoxicación intracelular (en el interior de la célula)”.

“A lo largo de sus libros, Hiromi Shinya desarrolla su tesis principal: En nuestro cuerpo existen miles de enzimas (moléculas que permiten que se produzcan reacciones químicas) que son necesarias para mantenerlo vivo y sano. Las enzimas se generan a partir de una enzima madre, si la agotamos el cuerpo enferma y muere”.


Primeras páginas de…La enzima para rejuvenecer

1.
Por qué he escrito este libro
Llevo muchos años hablando a mis pacientes y escribiendo en mis libros acerca de la importancia de alimentarse de forma correcta. Literalmente uno es lo que come y bebe. Sigo diciendo esto porque nadie ve más claro que yo los efectos que la dieta tiene sobre el cuerpo, pues lo hago cada vez que examino los intestinos de un paciente.

Cuando empecé a ejercer la medicina, no se sabía tanto como ahora sobre la relación entre nutrición y salud. Como soy gastroenterólogo (especialista en el aparato digestivo), es natural que empezara a pensar en la relación entre la dieta de mis pacientes y el estado del colon. Me interesé por lo que comían y cuánta agua bebían. Al mismo tiempo, empecé a detectar un patrón en el estado de los intestinos de quienes consumían muchos lácteos y carne distinto al de los que comían principalmente verduras y cereales integrales. También llegué a entender que mucha gente —quizá la mayoría— está deshidratada por no beber agua suficiente.

Desde 1963 ejerzo la mitad del año en Estados Unidos y la otra mitad en Japón, lo que me ha llevado a apreciar una diferencia entre la salud intestinal de los japoneses y la de los estadounidenses. También he advertido la diferencia entre los intestinos de japoneses que habían adoptado una dieta occidental, en especial los de aquellos que comían carne y bebían leche, y los de quienes seguían una dieta en la que predominaban el arroz y los pescados de pequeño tamaño.

Hasta después de la Segunda Guerra Mundial los japoneses no acostumbraban a beber demasiada leche de vaca y, por tanto, sus estómagos no habían evolucionado a lo largo de generaciones de manera que pudieran digerirla fácilmente. Mi historia personal sobre cómo descubrí esto es muy triste. En 1963 me vine a vivir a Nueva York con mi joven esposa para hacer la residencia de cirugía en el Centro Médico Beth Israel.

Mi mujer no se encontraba bien, y como pasaba mucho tiempo enferma, no podía amamantar a nuestra hija recién nacida, así que empezamos a darle leche maternizada a base de leche de vaca. La niña lloraba mucho y sus heces eran con frecuencia acuosas. Luego le salió una erupción en toda la piel. Le picaba y sufría. Mi esposa se quedó de nuevo embarazada y nació mi hijo. Estábamos felices, pero al poco tiempo el niño empezó a tener sangrados rectales. Por aquel entonces yo estaba ayudando a desarrollar el primer colonoscopio y, con mucho cuidado, utilicé una versión minúscula y rudimentaria del aparato para examinar a mi hijito.

Tenía el colon inflamado y sufría lo que llamamos «colitis ulcerosa».

Empecé a investigar las posibles causas de estos problemas. Pensé que quizá era la leche de vaca en los biberones. Así que les retiramos esa leche y mis hijos experimentaron una rápida mejoría. De niña, mi mujer había estudiado en un colegio religioso occidental en Japón. Como gesto de buena voluntad, Estados Unidos donaba leche a la escuela para ayudar a los niños japoneses. Por desgracia en aquella época nadie sabía lo suficiente para detectar que muchos niños japoneses no podían digerir la leche, y empezaron los problemas estomacales e intestinales. Ahora sé que mi esposa era alérgica a la leche, al igual que lo fueron después nuestros dos hijos. La exposición en repetidas ocasiones a este alimento le desató una reacción alérgica y su sistema inmune se volvió excesivamente sensible. Luego se le diagnosticó lupus, una enfermedad autoinmune.

Para entonces yo ya era médico y trabajaba en un hospital muy conocido en Nueva York, pero nada de lo que mis colegas o yo probáramos ayudaba a mi bella y joven esposa. Cuando falleció, se me rompió el corazón por ella, por nuestra familia y por las limitaciones que percibía en mí mismo y en la profesión que había elegido, en la que me había adentrado con tanta fe, pasión y amor.

Decidí ir más allá de los tratamientos que en ese momento prescribíamos y que se enfocaban sobre todo en aliviar los síntomas de la enfermedad. Yo quería saber por qué algunas personas estaban enfermas mientras muchas estaban sanas, por lo que me propuse entender cómo un cuerpo sano se protege a sí mismo contra la enfermedad. Quería aprender cómo trabajar con el cuerpo para fomentar la salud y curar la enfermedad.

Tomado de las páginas 11, 12, 13 y 14 del libro.

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Sarah Lee Méndez

Directora / Jefe de Prensa / Editora Contenido / Twitters: @AnastasiaLeeEdi @revistawhatsup @AficionesCol / Instagram @siganenconexion

Con más de una década de experiencia en relaciones públicas, manejo de redes sociales, CM, diseño de Blogs, fotógrafa para eventos.

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