domingo, 23 de marzo de 2014

LA SOBERBIA JUVENTUD / Pablo Simonetti

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La obra 

La soberbia juventud es una historia de amor, una novela sobre los afectos y la ausencia de ellos, una reflexión sobre cómo la edad determina el juicio que hacemos de nosotros mismos y nuestras circunstancias. Felipe Selden es un hombre joven y carismático, que atrae a la mayoría de las personas que se encuentran con él. Sin embargo, las exigencias familiares y sociales, sumadas a su inmadurez, lo llevan a tomar decisiones que lo alejan de la felicidad. 

El narrador Tomás Vergara, un escritor de cierta fama que impresionado por el aplomo de Selden intentará seguir sus vaivenes. Selden es un arquitecto de padres Opus Dei, con un magíster en diseño urbano en la Universidad de Illinois, que trata de integrarse a la vida social y laboral en Chile. Habla de “la” mamá y “el” papá, es católico y de derecha, se mueve entre bares de moda en Bellavista, departamentos de El Golf y galerías de arte de Nueva Costanera. 

De fondo, se deja ver un retrato del ambiente gay de clase alta. Vergara conoce bien el mundo al que Selden se integra, y busca descifrar los apetitos y proyecciones que el joven despierta en quienes se le acercan. Selden comprenderá que no bastan sus dones y talentos para alcanzar la libertad que considera suya por derecho propio. Según Simonetti, La soberbia juventud es un “melodrama de salón” inspirado en novelas como El gran Gatsby, de Fitzgerald, y El retrato de una dama, de Henry James. Es una historia de amor, pero también del fin de la inocencia.
Foto archivo particular
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El autor

Pablo Simonetti nació en Santiago de Chile el 7 de diciembre de 1961. Se tituló de ingeniero civil en la Universidad Católica y obtuvo un magíster en Ingeniería Económica de la Universidad de Stanford. A partir de 1996 se volcó por completo a la literatura. Al año siguiente logra el primer lugar en el concurso nacional de cuentos Paula, con el más afamado de sus relatos, «Santa Lucía». Este y otros cuentos se reúnen en Vidas vulnerables (1999), merecedor de la Mención Especial del Premio Municipal de Santiago.

En 2004 publica su primera novela, Madre que estás en los cielos, la que ha sido traducida a cinco idiomas y ha llegado a ser una de las tres más vendidas en Chile de los últimos diez años.

En 2007 presenta su novela más popular, La razón de los amantes, y en 2009 La barrera del pudor, la que fue publicada en Latinoamérica y España, con una entusiasta recepción por parte de la crítica.

El 11 de abril de 2011 debutó como presentador de un microprograma de literatura en CNN Chile denominado Letras Privadas, en el que el entrevistado comentaba un libro de su elección. El programa salió hasta fin de año.

Sus obras han sido traducidas a varios idiomas. Colabora en los medios de prensa más importantes del país, entre ellos los diarios El Mercurio y La Tercera, con artículos sobre los más diversos temas y participa en programas culturales de radio y televisión.

Entre sus actividades académicas, ofrece un taller avanzado de narrativa y dicta charlas en diversas universidades, bibliotecas, seminarios y ferias del libro, tanto en Chile como en el extranjero. Ha sido miembro del jurado de diversos concursos literarios.

Con información de: http://es.wikipedia.org/wiki/Pablo_Simonetti

La crítica ha dicho sobre… La soberbia juventud

“La novela, la más autobiográfica que ha escrito, según ha declarado el autor, es para el que lee un interesante repaso de cómo se acepta (o no se acepta) y se vive la homosexualidad en el Chile de clase alta”.
Ximena Torres Cautivo, Terra.com
http://noticias.terra.cl/ximena-torres-cautivo/blog/2013/10/20/la-soberbia-juventud-de-pablo-simonetti/

“Es una rara capacidad la de Felipe Selden: en medio de una pista de baile o de un bullicioso cóctel, él parece estar “rodeado de silencio”. Parece un “hoyo negro de calma”. Parece una “aparición”. Tiene 27 años, acaba de llegar de estudiar en Estados Unidos, recién está haciendo pública su homosexualidad y anda rompiendo corazones por Santiago. Imposible no deslumbrarse ante el “aplomo” del protagonista de la nueva novela de Pablo Simonetti, La soberbia juventud”.
www.latercera.com
http://www.latercera.com/noticia/cultura/2013/09/1453-544026-9-novela-de-pablo-simonetti-relata-el-despertar-gay-de-un-joven-de-clase-alta.shtml

“En La soberbia juventud, Pablo Simonetti se adentra en la historia de Felipe Selden, un hombre joven, de notable atractivo y carisma, que enfrenta los problemas de haber asumido su homosexualidad desde el seno de una familia conservadora y de clase alta”.
www.emol.com
http://www.emol.com/noticias/magazine/2013/09/24/621247/pablo-simonetti-libera-capitulos-de-su-nueva-novela-y-fija-salida-para-el-1-de-octubre.html

“La soberbia juventud cuenta con personajes memorables, como es el caso de Elvira –que no deja de recordarme en su frescura y determinación a Idana, de La razón de los amantes– y su lectura fluye gratamente en estas relaciones gravitacionales, donde los acercamientos abundan, pero el real contacto, el verdadero conocimiento del otro, es algo que difícilmente se logra. Le guste a quien le guste, la novela dará que hablar. Por mi parte, agradezco al autor por contar lo que otros silencian y reprochan”.
Rincondelacritica.com

Extractos de…La soberbia juventud

Cada uno tiene sus tratos con la edad. Yo me sentí viejo por primera vez a los cincuenta y dos años. Y no porque de vez en cuando los pulmones o la piel me hicieran pasar un mal rato, sino por haberme encontrado con Felipe Selden esa noche, a principios de noviembre de 2008, en una galería de arte. Bastaron cinco minutos para convencerme de que si yo hubiera sido más joven me habría enamorado de él sin remedio, una idea subversiva para quien jamás creyó en amores a primera vista ni en las arbitrariedades del destino.
Al llegar a la apertura de una exposición, crucé la sala en busca de un sitio donde el vocerío no reverberara en las paredes ni la iluminación fuera tan inmisericorde. Una numerosa concurrencia invadía el edificio de concreto a la vista, ubicado en una de las bocacalles de Nueva Costanera. En la esquina opuesta a la entrada, junto a un ventanal de piso a cielo que abría la visión hacia un jardín recién plantado, encontré un espacio de tranquilidad. A mi derecha, bajo la luz refractada por el cristal, numerosas matas de cubresuelo parecían marañas de reptiles muertos. Ahí me sentí a salvo de las personas ansiosas que, olvidadas por completo de las pinturas, no mostraban otro interés sino enredarse ellas mismas en una sola y gran maraña social.
Mientras buscaba entre la gente el perfil barbado del pintor, vi llegar a Camilo Suárez en compañía de un hombre. Digo «hombre» porque pese a tener el aspecto de un veinteañero, proyectaba una poderosa seguridad en sí mismo. Irradiaba vigor y al mismo tiempo parecía sustraerse del entorno. Su andar calmo y su talante sereno convertían la encantadora animación de Camilo en una suma de gestos ligeramente exagerados. Verlos entrar tuvo en mí el efecto de un cambio a un clima más benevolente. Los seguí con la mirada en su deambular a través de la sala. Camilo vestía traje y corbata; Selden, una chaqueta azul de gabardina, camisa blanca y jeans. Una cuerda invisible los unió a medida que avanzaban entre la gente, cada uno prestando especial atención a los comentarios del otro. En dos oportunidades alcanzaron la primera línea frente a un cuadro y se detuvieron un instante para intercambiar impresiones. El resto de su recorrido se vio salpicado por los saludos que recibían a su paso. Gracias a su facilidad de palabra y al acogedor timbre de su risa, Camilo desplegaba su simpatía sin esfuerzo. Entre sus amigos había gente de todas las edades, incluidas algunas mujeres que combatían la inminencia de la ancianidad. No lejos de donde me encontraba, una de ellas, notoria figura de la vida social, tomó a Camilo del brazo, al tiempo que le ofreció un pómulo afilado para que la besara.
Una chaquetilla de pedrería ceñía su torso y un peinado a lo Thatcher, teñido de un dorado homogéneo, le regalaba tres o cuatro centímetros a su pequeño cuerpo.
— ¿Cómo te va, chiquillo? —dijo con voz inesperadamente ronca y chocantemente modulada. Camilo le abrió paso a Selden. La mujer volvió a ofrecer su mejilla, mientras realizaba extrañas muecas con su boca, como si hiciera gimnasia facial. La última contorsión se transformó en un golpe de asombro.
— ¡Felipe!
Su estudiado desdén había desaparecido y ahora encaraba a Selden con el mentón altivo, tal vez para compensar la gran diferencia de estatura.
—Hola, tía Alicia —respondió Selden con cordialidad pero sin aspavientos.
—Tu madre me contó que habías llegado de Estados Unidos. ¿Por qué debo ser yo la última en volver a verte?
La mujer dio un giro hacia tres personas que seguían con atención las piruetas de su boca para añadir:
—Díganme si mi sobrino nieto no está convertido en una preciosura. Dos años sin verte y vuelves hecho un adonis. Y tú, Camilo —remarcó, alzando las palmas hacia él—, no lo haces nada de mal. En mi época habían chiquillos tan regios como ustedes, pero no eran ni tan altos ni tan liberados.
Acompañó esta última frase con una mirada significativa, como si sospechara, al igual que yo, que entre los jóvenes despuntaba un amorío. Las risas de sus acompañantes, incluida la de Camilo, celebraron la picardía de la mujer. No así los labios pulposos de Felipe, que apenas se curvaron en una sonrisa sin atisbos de adulación. Un gesto que calzaba con sus ojos azules, espabilados por la curiosidad pero que no se malgastaban en brillos de falsa simpatía. En medio de la agitación, Selden parecía aislado dentro de un fanal de silencio, una cúpula transparente que definía un espacio más apacible que cuanto lo rodeaba.
Con Camilo nos habíamos conocido hacía tiempo, en un taller de lectura que dirigí el verano de 1998. Él había egresado de derecho en la Universidad de Chile, estaba realizando su práctica y se preparaba para dar el examen de grado. Cuando le llegó el momento de asumir su homosexualidad, dos años más tarde, me hizo su confidente. En un mail me preguntaba si podía reunirse conmigo para hablar de un tema personal. Recibía esa clase de peticiones a menudo, así que sospeché de inmediato cuál era su fin.

Tomado de las páginas 13, 14 y 15 del libro

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Sarah Lee Méndez

Directora / Jefe de Prensa / Editora Contenido / Fotógrafa / Twitters: @AnastasiaLeeEdi @revistawhatsup @ / Instagram @sarahleefotografia

Con más de una década de experiencia en relaciones públicas, manejo de redes sociales, CM, diseño de Blogs, fotógrafa para eventos.

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