domingo, 13 de abril de 2014

William Boyd SOLO. Una nueva novela de James Bond

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La obra 

1969. Una única misión. Una licencia para matar. Vuelve James Bond. James Bond acaba de cumplir cuarenta y dos años. Festeja en soledad un nuevo e inesperado aniversario; en su profesión, cualquier día puede ser el último. Bond es consciente, final-mente, de que el mañana siempre muere. 

M le reclama para una nueva misión, esta vez en un lugar desconocido para él: el África negra. Zanzarim, antigua colonia británica, sufre una cruenta guerra civil. El negocio del petróleo divide al país, y un tenebroso personaje, el brigadier Solomon “el escorpión” Adeka, siembra el terror. Con un carnet de prensa de la Agence Press Libre como única presentación, Bond aterriza en el aeropuerto de la capital, Sinsikrou. 

El MI6 sabe que sólo hay una persona capaz de parar el conflicto: 007. William Boyd ha sorprendido a propios y extraños al dar vida al mejor James Bond de los últimos sesenta años. 

Un James Bond de carne y hueso que dejará una profunda huella en los fieles a 007 y que cautivará a los aficionados a los thrillers.

El autor ha dicho sobre… Solo Sobre James Bonds, 

Ian Flemig y el encargo que recibió Boyd de sus herederos: «Cuando los herederos de Ian Fleming me propusieron escribir la nueva novela de James Bond, no lo dudé ni un segundo. Acepté al instante.» «Mi padre me introdujo en las novelas de James Bond en los años sesenta. Leí todas y cada una de ellas. Mi favorita era Desde Rusia con amor.» «Siempre he sentido una especial fascinación por Ian Fleming, a quien incluí como personaje en mi novela Las aventuras de un hombre cualquiera, en donde es responsable de reclutar al protagonista, Logan Mountstuart, para la División de Inteligencia Naval durante la Segunda Guerra Mundial…

También, a lo largo de mi vida profesional, he trabajado con tres actores que han dado vida a James Bond en alguna de las películas de la serie: Sean Connery, Pierce Brosnan y Daniel Craig. La idea de que esos encuentros casuales con Ian Fleming y Bond, que han tenido lugar a lo largo de mi vida, me hayan llevado a escribir la próxima novela de 007 me parece excitante. Es el destino.»

«En las primeras novelas, Fleming describe a Bond en dos o tres ocasiones y dice que se parece al cantante de jazz estadounidense Hoagy Carmichael.»

«Estamos tan influenciados por los Bond cinematográficos que nos olvidamos que el literario existe desde mucho antes que sus películas. El James Bond de Ian Fleming es un personaje mucho más complejo y rico que el del celuloide. Es lo que yo les expliqué a los herederos de Fleming: a mí lo que me interesa es el hombre, el ser humano que es James Bond. Mi novela ahonda mucho en esa dimensión. Las bases las tomé de las novelas de Fleming.»

«Estoy muy familiarizado con las historias de espías, ya había escrito un par de novelas de esta temática, también he escrito mucho sobre John le Carré y su obra. Me encuentro muy cómodo en ese mundo, por lo que este encargo me pareció sumamente atractivo. Todas mis novelas tienen una parte narrativa muy importante, es algo que hago instintivamente. La narrativa es algo a lo que me siento atraído por naturaleza, por lo que no fue un problema dar con una trama para Bond, sus posibles problemas y dilemas.

El secreto fue releer las novelas de Ian Fleming, descubrir toda la información que estaba escondida en ellas. Hay catorce novelas, lo que implica bastante trabajo. Cuando me senté a escribir mi propia historia me sentí aliviado. Tiene relaciones amorosas muy interesantes y hay un villano bastante atractivo, como es de esperar. Pero también todo tiene una base muy real, no hay nada fantástico o grotesco. Bond es un espía real, en una misión real, que se enfrenta a adversidades reales y a un amor sumamente real. Me decía a mí mismo que tenía lograr que fuera lo más real que pudiera.»

«Fleming estaba obsesionado con la comida, obsesionado con el alcohol, con la ropa, con los coches. Trasladó sus obsesiones personales a James Bond. He contado todas las copas a lo largo de sus libros, lo cual ha sido muy divertido, ya que Fleming no era consciente claramente de la cantidad de bourbons dobles sin hielo que había bebido.»

«Si tuviera que elegir un actor para encarnar a James Bond, elegiría a alguno con el que ya hubiese trabajado. Mi elección sería Daniel Day-Lewis porque creo que Day-Lewis se parece al Bond que Fleming describe en sus libros.»

«El sexo en los libros de Fleming hace pensar en una terrible Barbara Cartland o incluso en sadismo. Por eso intente escribir esas escenas con un especial cuidado, de una manera totalmente distinta a la utilizada por Fleming.»

«Las chicas Bond deberían ser llamadas mujeres Bond.»

«La diferencia entre el Bond cinematográfico y el literario es que éste es un personaje complejo. Quiero decir, es un hombre con estilo, capaz, un agente muy exitoso pero lo que le hace fascinante a ojos de los lectores es su lado oscuro. Es problemático, comete errores. El retrato tridimensional de las novelas impide que se convierta en una caricatura de espía de cartón piedra. Es un individuo vibrante e interesante.

«Hay una receta de Martini seco en la novela que es mía, se la ha prestado a James Bond durante el transcurso de la novela.»

Sobre el espacio geográfico y temporal de Solo:

«Es muy interesante echar la vista atrás hoy en día hasta los años sesenta. Recuerdo perfectamente esa época, en 1969 pasé mi primer verano en Londres. Casi han pasado dos generaciones desde entonces, una gran parte del público no está familiarizado con esa época y le intriga ese periodo al igual que el reinado de Enrique VIII y la Inglaterra anterior a la Primera Guerra Mundial. Creo que haber vivido esa época juega a mi favor.

Es una época ya moderna, pero no había GPS, internet, teléfonos móviles… es decir, es el siglo XX en su pleno apogeo pero sin las revoluciones que trajo el siglo XXI. Era un época con estilo, la gente vivía con estilo, conducía coches con estilo. Las vidas de entonces eran similares a las nuestras hoy en día pero era un mundo completamente diferente y eso hace que los escritores quieran volver una y otra vez.»

«África alberga la fuente más pura de memorias para mí como escritor. Como novelista, ¿a dónde acudes en busca de inspiración, impresiones, sensaciones? Usualmente, según mi propia experiencia, vuelves a tus primeros recuerdos, en una época en la que no pensabas en ti como escritor, porque, de alguna manera, esas memorias no han sido adulteradas.

Cuando llegas a ese momento, todas tus experiencias acaban siendo filtradas por tu cerebro de escritor, no inmediatamente pero sí eventualmente. Es inevitable.»

«Realmente no sé de dónde soy. ¿O simplemente soy un desarraigado, el resultado de una mezcla de varias influencias que han tenido lugar a lo largo de mi vida?

Es algo que me pregunto muy a menudo. Creo que es por eso por lo que escribo muchas veces sobre la identidad. Es raro, cuando era pequeño y me preguntaban de dónde era, yo contestaba que era del oeste de África, lo cual parecía extraño porque, obviamente, no soy africano pero allí estaba mi hogar. He vivido en Inglaterra, en Londres y en Oxford. Pero también tengo una propiedad en Francia, allí también me siento en casa.»

Sobre su trabajo en el cine, el teatro, la televisión y la literatura:

«Muchas de mis obras han sido adaptadas más tarde para ser llevadas al cine, al teatro o a la televisión. Es algo de lo que personalmente disfruto mucho. Me involucro todo lo que puedo. Escribo yo mismo los guiones y a menudo soy el productor ejecutivo, estoy allí desde el casting hasta la postproducción. Me obliga a salir de casa y es muy bueno para mi alma. Te implicas completamente o no te implicas nada, no hay punto medio. Intento ser una influencia positiva, disfruto con ello enormemente. La vida del escritor es bastante solitaria y creo firmemente que se vive una vida más interesante cuando se colabora con otros. El mundo encorsetado y algo egoísta del escritor no es necesariamente el mejor para vivir.»

Declaraciones extraídas de las siguientes entrevistas realizadas al autor:


Huffington Post (12 de abril, 2012)
20 Minutos (21 de marzo, 2013)
The Bookseller (15 de abril, 2013)
BBC News (11 de abril, 2013)
The Book Bond (12 de abril, 2012)
The Guardian (12 de abril, 2012) Mark Brown
The Independent (16 de diciembre, 2012), Susie Mesure
Lanzamiento de Solo en el Dorchester Hotel de Londres (25 de septiembre de 2013)
The Daily Mail (21 de septiembre de 2013), Ellie Buchdahl
The Telegraph (25 de septiembre de 2013), Hannah Furness.

El autor 

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William Boyd nació en 1952 en Ghana, y pasó su infancia entre dicho país africano y Nigeria, donde fue testigo de la Guerra de Biafra. Cursó sus estudios universitarios entre Niza y Glasgow y se doctoró en literatura inglesa en la Universidad de Oxford, donde impartió clases. Es miembro de la Real Sociedad de Literatura británica y Oficial de la Orden de las Artes y las Letras francesa.

Boyd ha sido investido doctor honoris causa por las universidades de St. Andrews, Stirling, Glasgow y Dundee. En 2005 fue nombrado Caballero del Imperio Británico. Hoy en día divide su tiempo entre Londres y su casa del suroeste de Francia, donde desarrolla una excelente producción vinícola.

Entre sus novelas destacan Un buen hombre en África (Premio Whitbread y Premio Somerset Maugham Award), Como nieve al sol (finalista del Premio Booker y Premio John Llewellyn Rhys Booker), Barras y estrellas, Las nuevas confesiones, Playa de Brazzaville (Premio McVitie y Premio James Tait Black Memorial), La tarde azul (Alfaguara, 1996, Premio Sunday Express Book of the Year y Los Angeles Times Book Award for Fiction), Armadillo, Las aventuras de un hombre cualquiera (en el que aparece el personaje de Ian Fleming; Premio Jean Monnet), Armadillo y Sin respiro (Costa Novel of the Year). Todas ellas han sido publicadas por Alfaguara. También ha escrito libros de relatos, biografías y guiones para cine y televisión.

En el 2013 se cumplieron sesenta años de la primera novela de James Bond a manos de Ian Fleming, Casino Royale. Varios autores de primera fila han recibido el encargo de continuar las aventuras de 007 a lo largo de estas seis décadas: Kingsley Amis, John Pearson, Christopher Wood, John Gardner, Raymond Benson, Sebastian Faulks y Jeffery Deaver. William Boyd es, sin duda, el alumno más aventajado de Fleming.

La crítica ha dicho sobre…
William Boyd


«Es muy positivo que Boyd se haya inmerso en el personaje, en el autor y en su obra, y que esa inmersión haya tenido como resultado esta aventura afroamericana, una aventura que está a la altura de los mejores libros de Bond, Casino Royale y Desde Rusia con amor. En la novela de Boyd, Bond es trasladado a un país ficticio del oeste de África para capturar a un señor de la guerra, «el escorpión», Bond casi muere en la misión y continúa su cometido en Estados Unidos donde se pone en contacto con un antiguo amigo y hombre de la CIA, Felix Leiter. No es el James Bond original, ¿cómo podría serlo? pero, me atrevo a decir que es superior al prototipo. Por ahora, los depredadores pueden parar de merodear. Dr. No, Goldfinger y otros han encontrado un rival a su altura. Boyd ES Bond.»
 The Guardian

«Una lectura fantástica, que devoré en el tiempo que se tarda en ver Skyfall, y, previsiblemente, Solo resulta mucho más entretenida.»
The Times

«Es un auténtico placer leer esta escritura lírica y aguda.»
The Telegraph

«Boyd trae de vuelta al verdadero James Bond, de manera triunfal… Un logro literario fabuloso. Boyd ha aprobado con nota, de maravilla.»
The Daily Mail

«Un tempo narrativo perfecto… La acción es trazada con maestría… La verdad sobre la creación literaria de Solo descansa sobre sus hilos hábilmente entretejidos y sobre el suspense que nos mantiene en vilo. Misión cumplida.»
The Financial Times

«Cualquiera que desee disfrutar este otoño de la Guerra Fría, pero con un final feliz, debe hacerse de inmediato con una copia de Solo, la última novela de William Boyd sobre James Bond.»
The Scotsman

«William Boyd busca, de la forma más directa y clara posible, conectar con ese tipo de lector que añora ciertos tiempos en que los narradores se dedicaban a contar y visualizar, a divertir y entretener.»
ENRIQUE VILA-MATAS, El País

«La ficción británica contiene la rica tradición del thriller literario, desde Wilkie Collins, pasando por Graham Greene hasta John Le Carré, y William Boyd, con su nueva novela Sin respiro se asienta firmemente en ella.»
Times Literary Supplement

«Rica en personajes y situaciones, Como nieve al sol alcanza las ambiciones de la mejor novela histórica.»
The New York Times Book Review

«William Boyd es un escritor inglés contemporáneo cuyas novelas tienen un atractivo muy especial. Sus thrillers ocupan el nicho que Ian Fleming cubriría, si escribiera hoy en día. Esto, sumado a la especial a la especial fascinación que siente Boyd por Fleming, hace de él el candidato perfecto para llevar a Bond de nuevo a los años sesenta.»
CORINNE TURNER, Directora de Ian Fleming Publlications

Extractos de…
Solo


«Bond entró en la sala. Las alfombras estaban enrolladas; las altas estanterías, vacías (los libros guardados en cajas y almacenados); las tablas del suelo, desnudas, y los muebles agrupados en el centro de la habitación, cubiertos con sábanas. La nariz le escoció con el penetrante olor a pintura fresca. Tom Doig, el decorador, le señaló la mancha de humedad en el rincón oeste de la sala, que había surgido a la vista al mover un escritorio. De mala gana, Bond lo autorizó a investigar el origen y le extendió un cheque por 125 libras para cubrir el siguiente período de trabajo. Durante años se había prometido que restauraría su piso. Le gustaba su hogar, sus dimensiones y su situación, y no tenía ninguna intención de mudarse. Además, su contrato de arrendamiento no vencía hasta cuarenta y cuatro años más tarde. Bond calculó. Tendré ochenta y nueve, si duro hasta entonces, pensó. Lo cual era muy poco probable, dado su tipo de trabajo, razonó… y se enfadó consigo mismo. ¿Qué demonios hacía pensando en el futuro? Era el aquí y el ahora lo que lo atraía y lo satisfacía.» 

«El VC10 de la British Overseas Airways alcanzó su altitud de crucero, y se apagó la luz que indicaba mantener los cinturones abrochados. Bond pidió un coñac doble con soda a la azafata y, mientras lo bebía, pensó en lo que le esperaba y en los peligros imprevistos a los que tendría que enfrentarse. Siempre era igual cuando partía hacia una misión: si bien lo desconocido le generaba cierta alarma y una precavida cautela, no podía menos que reconocer el estremecimiento de excitación que lo acometía… No recordaba ninguna otra ocasión en que M lo hubiera enviado a una misión tan vaga: encontrar un modo de infiltrarse en Dahum y, de un modo u otro, «inmovilizar» al general de brigada… Bond encendió su lámpara de lectura y sacó el libro que llevaba consigo: El revés de la trama, de Graham Greene. Bond había estado en el oeste de África una sola vez, años atrás —de hecho, para derribar un helicóptero—, pero no se había quedado mucho tiempo: había sido una visita relámpago. Greene había estado destinado en Sierra Leone durante la guerra —como espía, además—, y Bond confiaba en que esta novela ambientada en el oeste de África le proporcionara un conocimiento más profundo de la región.»


«Le resultaba raro y un tanto inquietante no llevar consigo una pistola: se sentía extrañamente desnudo y vulnerable. Puso el resto de la ropa en la maleta, con la intención de dejarla en la oficina de Blessing para que ella pudiera enviarla a Inglaterra llegado el momento. Quien viaja ligero de peso llega más lejos, pensó Bond, y eso incluía las armas.

Se internaría en una región en guerra con un bote de polvos de talco y una loción para después del afeitado. Se dirigió a la recepción con la maleta y la nueva bolsa, para anunciar su partida y pagar la cuenta. Hecho esto, se le ocurrió una idea y fue al bar a comprar una botella de whisky Johnnie Walker… para usos medicinales: nunca se sabía cuándo podía necesitarse.»

« ¿Qué tiene África que me amedrenta tanto?, se preguntó, girando en la cama y golpeando la dura almohada de fibra de ceiba a fin de darle una forma más acogedora para la cabeza. ¿Por qué aquel continente le recordaba sin cesar su fragilidad humana?»

«Cuando llegó al área de tierra batida que constituía el lugar de reuniones, bajo el árbol central, Bond vio tres cadáveres muy descompuestos —una mujer y dos hombres— con una nube de moscas revoloteando encima. Rodeó los cuerpos y recorrió las callejuelas que separaban las casas, buscando agua: un pozo o un abrevadero. Tenía que haber cerca un arroyo o un río desde donde pudieran acarrear agua fácilmente, razonó; ninguna aldea africana estaba lejos del agua. Entonces, en el umbral de una casa, vio un niñito sentado, apoyado contra el marco de la puerta. Un niño tan esquelético como un anciano arrugado.

Desnudo, con las costillas visibles bajo la piel cubierta de polvo, las piernas delgadas como palillos y cubiertas de llagas, la cabeza tan enorme que casi se bamboleaba sobre el débil cuello.

Tenía moscas en los párpados y en las comisuras de la boca. Miró a Bond con indiferencia, apenas interesado, al parecer, en ese hombre blanco que había aparecido ante él.

Bond se agachó, trastornado y conmocionado. —Hola —dijo con una sonrisa forzada, antes de darse cuenta de lo estúpido que sonaba.»

«En cualquier caso, en su mente iba cobrando poco a poco forma un plan, uno que debería llevar a cabo por su cuenta. No podía tener ninguna relación con su papel como agente secreto doble cero, ni con M, ni con el servicio de espionaje. Tenía que ser una acción solitaria, completamente desautorizada. Sonrió para sí mismo en la oscuridad de la habitación; en cierto sentido, el hecho de que no contara con autorización haría mucho más dulce la venganza. Se proponía «actuar solo», tal como se decía para sus adentros.

Sabía que las normas no escritas del Servicio Secreto prohibían estrictamente tales iniciativas personales solitarias. El castigo por actuar solo era severísimo, pero eso no preocupaba en absoluto a Bond: tenía muy claro lo que quería hacer.»
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Sarah Lee Méndez

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Con más de una década de experiencia en relaciones públicas, manejo de redes sociales, CM, diseño de Blogs, fotógrafa para eventos.

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